18.10.07

Hiper Mega Kids

En realidad no tenía ni idea de lo que iba a poner en esta entrada, solo la empecé para que no pase más tiempo sin aparecerme por aquí y sentir que he abandonado el blog (lo cual es cierto, pero no es la impresión que deseo dejar).
Por eso es que me decidí comentar sobre algo que hace un tiempo me viene dando vueltas en la cabeza y quería compartirlo, especialmente con aquellos que tienen retoños, o al menos sobrinos.
Me sorprende permanentemente ver la capacidad de asimilación que tienen los niños, especialmente en la última década. Es increíble ver como los niños son capaces de manerjar con total soltura equipos tecnológicos que a la mayoría de los adultos nos resultan, como mínimo, incomprensibles.
Mis hijos me asustan al manejar los celulares, reproductores de DVD, y la PC sobre todo con soltura, pero especialmente con un grado de detalle en funciones que a veces hasta yo mismo desconocía. Y mientras más chicos son, antes incorporan esas habilidades y conocimientos.
Quizás sea consecuencia de la disponibilidad de tecnología que cunado éramos chicos solo existía en los cuentos de ciencia ficción. También es cierto que por los costos, no nos dejaban tocar "los aparatos" porque podíamos romperlos y un televisor costaba casi como un auto (¡Bueh! Ya se que exagero, pero es una licencia que me tomo para rememorar el énfasis que ponían los viejos a la hora de retarnos y no repetir el lenguaje coloquial que utilizaban).
Otra mirada sobre el asunto me llevó a observar que están permanentemente bombardeados con información de todo tipo y por diversos medios, lo cual tampoco era frecuente hace cuatro décadas atrás y sin duda influye en la capacidad de aprendizaje durante la vida.
Me preocupa en realidad que se ha perdido la constancia y la paciencia, que forjábamos cuando armabamos nuestros juguetes, como los barriletes, o esperar a los amigos para ir a jugar, o planificar los juegos con días o semanas de anticipación.
Quizás lo mejor no sea lo pasado, sino obtener la mejor combinación de nuestras experiencias y sus vivencias.

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1.10.07

Nostradamus... ¡Un poroto!

Les presento aquí a una profetisa de nuestras tierras, a quien nadie relaciona con este tema.
No, no se trata de Blanca Curi, ni Lilí Sullos, mucho menos Horangel.
Es nada más y nada menos que María Elena Walsh, quien trató de hacernos comprender los signos de nuestro tiempo desde la más tierna infancia.
Hoy les traigo las predicciones para nuestra época actual y como es y será la Argentina, de la mano de la archiconocida canción: El Reino del Revés.

Me dijeron que en el reino del revés

nada el pájaro y vuela el pez,

que los gatos no hacen miau y dicen “yes”

porque estudian mucho inglés.

La autora quiere significar que en Argentina nada es lo que parece. La alegoría del pájaro significa que cualquiera te caga, aunque se esté ahogando y necesite de ayuda. La metáfora del pez significa que el que no corre, o nada, vuela, o sea, somos todos “vivos”.

Y que los gatos hablan ingles, no merece mayores comentarios, solo basta ver televisión en programas como los de Tinelli o Sofovich.

VAMOS A VER CÓMO ES EL REINO DEL REVÉS,

VAMOS A VER CÓMO ES EL REINO DEL REVÉS,

Aquí la autora nos llama a la reflexión y a interpretar nuestra sociedad bajo la luz de sus estrofas.

Me dijeron que en el reino del revés

nadie baila con los pies,

que un ladrón es vigilante y otro es juez

y que dos y dos son tres.

En estos versos, inspirados quizás en el famoso tango “Cambalache”, reconoce que la sociedad es acomodaticia y figura al baile como acomodarse a los tiempos que corren, sin importar las consecuencias a futuro.

Por el contrario expresa claramente que la justicia, en todos los órdenes es totalmente corrupta, así como los empresarios que lloran miseria, se llenan los bolsillos, fraguan balances, quiebran empresas y evaden impuestos.

VAMOS A VER CÓMO ES EL REINO DEL REVÉS...

Me dijeron que en el reino del revés

cabe un oso en una nuez,

que usan barbas y bigotes los bebés

y que un año dura un mes.

Las estrofas anteriores nos muestran la imagen que tienen del argentino en el exterior, pagado de si mismo, y que queremos parecer como poderosos, pero es todo cáscara y en muchos casos vacía. Nos muestra como inmaduros, a pesar de ser cronológicamente adultos, nos comportamos caprichosamente como niños y somos fácilmente engañados como tales. Tampoco cumplimos las promesas y cuando prometemos realizar algo, siempre lo dilatamos, alegando infinidad de justificaciones.

VAMOS A VER CÓMO ES EL REINO DEL REVÉS...

Me dijeron que en el reino del revés

hay un perro pequinés

que se cae para arriba y una vez

no pudo bajar después.

En este punto nos encontramos ante una profecía, teniendo en cuenta la fecha en que fue escrita la canción, donde se alerta sobre el advenimiento de la era del pingüino, que lo satiriza como un perro pequinés, característicos por su exoftalmia y estrabismo, quien quizás debido a sus limitaciones ópticas y mentales, no ve a la realidad tal cual es sino que cuando todo se derrumba, sus estadísticas oficiales indican todo lo contrario, encerrándose tanto en su mentira que ya hasta él mismo lo toma como cierto.

VAMOS A VER CÓMO ES EL REINO DEL REVÉS...

Me dijeron que en el reino del revés

un señor llamado Andrés

tiene mil quinientos treinta chimpancés

que si miras no los ves.

Continúan los augurios, en clara alusión a los movimientos piqueteros y afines, que caracterizaron la asunción al poder del mencionado personaje, obedientes ejecutores de piruetas cual bestias circenses y de los cuales ya no se escucha ni se ve nada.

VAMOS A VER CÓMO ES EL REINO DEL REVÉS...

Y me dijeron que en el reino del revés

una araña y un ciempiés

van montados al palacio del Marqués

en caballos de ajedrez.

Como no podía ser menos, y sobre el final, anticipando el final, el Apocalipsis, el Armagedón, donde las representaciones de las alegorías de muerte y destrucción son la Araña, que va llevando a sus redes a los ocasionales y desprevenidos colaboradores para luego fagocitarlos, acompañada por el ciempiés, en clara alusión a su capacidad de poner una pata en cada lado para no quedarse fuera de la repartija política, cambiando de bandera según la conveniencia, montados en una estrategia electoralista perfectamente diseñada.

¿VAMOS A VER CÓMO ES EL REINO DEL REVÉS...?

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14.12.06

Querido Papá Noel...

Se acercan las Fiestas de Navidad, un momento clave en la vida de todos, independientemente del credo o situación social. Pero no me voy a poner a analizar que significan, quédense tranquilos.

No pude evitar que ese espíritu me invada y entre tantos divagues y corridas de compras, me acordaba de aquellas Navidades de chico, las que esperábamos con tanta ansiedad a partir del 8, cuando armábamos el pesebre y adornábamos el árbol. Las primeras imágenes son de las bolas de vidrio, tan delicadas, que año a año había que renovarlas casi a todas, de la nieve artificial de lana de vidrio que te dejaba las manos como si hubieras acariciado una ortiga o una “gata peluda” (N. del A.: Gusano que se encuentra en los árboles para estas fechas, peludo y altamente urticante) y esos arbolitos artificiales que a comparación de los actuales, parecían salidos de los bosques de Bosnia.

Aunque más vívidos son los recuerdos de los juguetes que teníamos. En su gran mayoría eran destinados a juegos de tipo activo, dinámico, o sea que había que jugarlos fuera de la casa, so pena de comerse la paliza del mes. Entre los más deseados estaban las pelotas de cuero n° 5, solo para una elite, sino a conformarse con la Pulpo de goma, de esas que te dejaba ardiendo cuando te pegaba. Las bolitas, preferentemente las chinas de vidrio, ni que hablar de las “lecheritas”, esas todas blancas, o los bolones y para los más rascas, bolillas de rulemanes viejos, altamente más competitivos y temidos. Estos tenían además la particularidad de constituirse en objetos de poder y moneda de cambio, al mejor estilo de Tom Sawyer.

Mi hermana siempre anheló la muñeca que caminaba y hablaba, casi tan alta como ella, pero mis viejos (¡Bueh! Papá Noel) solo llegó a las que tenían los discos en la espalda y que hoy me rememora escenas de Terminator. O el juego de té de porcelana chino -lo que me hace pensar en porque hoy en día aceptamos sus productos con tanta naturalidad- hasta llegar al elástico, que se podía jugar de a dos con la ayuda de una silla, o un hermano al pedo a la siesta, para que no lo vieran. Es que a esa hora estaba vedada la calle a los niños para no joder a los vecinos, porque aún se respetaban los derechos de los demás.

Completan la lista trompos, yo-yo’s, autitos de plástico “preparados” con masilla (los Matchbox no cuentan porque no los podíamos ni tocar ¿WHYyyy?), hasta piedras y palos, como desde los inicios de la humanidad.

Que lástima que se haya perdido esa parte tan importante en la vida de los chicos, donde había que sociabilizar y no nos idiotizabamos con los juegos de video, la PC, ni nos aislábamos detrás del los MP3 o los SMS.

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17.10.06

Cosas de niños.

Este fin de semana largo estuve más tiempo con mis hijos de lo habitual, en parte para aliviarla a su madre como parte de mi regalo en su día y redescubrí muchas cosas de mi infancia.
Lo primero es lo distinto que se ve el mundo desde allá abajo, desde donde todo parece gigantesco e inalcanzable, y ser alzados en brazos brinda una perspectiva única, como la que se siente al mirar desde arriba de un edificio o una montaña.
Cualquier cosa puede implicar toda una aventura o descubrimiento, como el abrir los cajones de la cocina de la abuela y encontrar artefactos cuyo uso se desconoce y pueden usarse para jugar a lo que sea, desde tecnología futurista hasta un tesoro pirata. Eso todavía resiste a la Tele y la Compu.
Cualquier cosa es digna de admiración si se le presta suficiente atención o durante el suficiente tiempo.
Un montón de arena, unas cajas de cartón, unos palos, una pelota y un perro son los mejores juguetes que se pueden tener (aunque te pidan la última Barbie o la Play Sation24, no pueden resistirse a ellos).
Nada, pero absolutamente nada se compara al agua a la hora de pasarla bien, ya sea para bañarse, saltar en los charcos o jugar con barro.
Las peleas entre amigos y/o primos solo sirven para reforzar los vínculos, ya que duran mucho menos que las nuestras y no son lo más importante. Lo principal es divertirse.
Se pueden hacer nuevas y buenas amistades con solo acercarse al otro e invitarlo a participar.
¿Cuándo lo re-aprenderemos nosotros?

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25.8.06

No haga eso, Doctor Chandra...


Para tratar de llevar algún tipo de hilo conductor, alguna vez en algo, voy a intentar revivir para los veteranos, o recrear para los más pichones, mi historia con la enfermática (si, leyó bien y no le chingué a la tecla).
Mis primeros flashes con las computadoras fueron a través de la MEGAVAC, o la HAL 9000 del libro de Clarke. La de Star Trek no cuenta porque en realidad los "datos" los calculaban Spock, Zulu o Scottie. Pero todas ellas tremendos armatostes que ocupaban habitaciones enteras y con costos "siderales" (no se si la agarraron).
En mi caso particular, lo más parecido a una PC con que me encontré por primera vez era "La Atari", una consola de juegos con onda Family Game, sus cartuchos y Joysticks (¡Si pibe, ya se habían inventado para esa época!) .
En realidad una computadora personal programable vine a conocerla con la Spectrum Z80, que traía ese mítico microprocesador de 8 bits, que a la fecha sigue brindando sus servicios y no le hace falta cooler ni se cuelga. Esta no era más grande que un videocassette, teclado incluido, y tenías que conectarla al televisor (un Zenith B/W de 14" color rojo ferrari, con 12 canales sintonizados a puro perillazo) y cargar los programas con un grabador de cassettes de audio.
No tenía disco rígido, y solo 64Kbytes de RAM. Los jueguitos los programabamos nosotros (salían de nuestra imaginación) "dibujando" con los pixeles, unos rectángulos de 3 x 5 puntos. Y un programón tenía 5K. ¡Ah! el operativo tenías que cargarlo, al igual que los lenguajes y se perdía todo al apagar la maquinita.
Otra gloria era la TI99, superada solo por la Commodore64, que se podía cargar con ROM's en cartuchos y traía la opción de conectarle la lectora de disquettes de 5 1/4 de 360K, una barrabasada de memoria. Luego apareció la Commodore 128 y tocábamos el cielo con las manos.
En el colegio secundario descubrí la primer Radio Shack con disquetera incorporada y MONITOR, un lujo asiático. Eso si, había solo una y solo los iluminados podían usarla para programar en LOGO, FORTRAN, BASIC (ni ahí de visual) o PASCAL. Aunque también hicimos algunas macanas en Assembler y para eso había que tener cojones y paciencia.
En la Facu, si bién ya tuve oportunidad de hacer algo en una XT con DOS, ya con HD de 10Mbytes (¡Uaaauuuu!) y 512K de RAM, conocí a las geniales Apple Macintosh, una nave espacial, Y CON DISQUETERA DE 3 1/2 DE 720k ¡Una maaasaaaa!
Que tiempos aquellos antes de Bill Garches...

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17.8.06

El tunel del tiempo

Como continuación del post anterior, donde hubo un intento de presentarme en sociedad, no podía dejar de incluir parte de lo que soy, mi historia.
Como podrán deducir al final de estas líneas tengo gratos recuerdos de mi infancia y realmente me alegro de haber podido vivirla en ESA época, donde saliamos a callejear y volviamos "cuando se ponga oscuro". Las aventuras pasaban por treparse a los árboles o meterse en el cañaveral para reunirse con los pibes del"Clú". Armar barriletes (si, los hacíamos nosotros con nuestras manecitas). Cualquier calle era cancha del futbol para lucir los botines Sacachispas o las zapatillas Fulvence, con las muy esporádicas inrrupciones de alguno de los pocos autos que circulaban, los Gordini, Dauphin, los bacanes en sus Polaras, Rambler, Torinos (el tuneado era el Lutheral) o un Kaiser Carabela.


Estos juegos eran interrumpidas por los gritos de las madres para ir a tomar la merienda, compuesta por un bruto café con leche con nata, acompañado de unas exquisitas galletitas Manon. Pero la gloria era cuando compraban "yugur" Yolanka o la chocolatada Vascolet, que tenía gusta a chocolate denserio.


Esa era la única hora donde mirábamos "nuestros" programas de televisión, ya que solo había uno y solo con los canales de aire. Encendíamos el estabilizador que demoraba unos cinco minutos en calentar las válvulas y luego el televisor Zenith o Ranser, que tardaba otro tanto, para sintonizar el canal preferido con la perilla (Clack, clack) y se quedaba ahi indefinidamente porque daba fiaca levantarse a cambiar ¿Control Remoto? Solo en las series del espacio.
Y ahi estaban Los tres Chiflados, Piluso y Coquito, Hijitus, Julieta Magaña, Margarito Tereré, Jacinta Pichimahuida con Caballasca (¡A mi también me hiirve la cabeza!) y Cirilo Tamayo (Vieron, Etelvina tenía razón después de todo). Luego vinieron las marionetas: Rescate Internacional junto al Capitán Escarlata y Joe 90, o los dibujos de afuera:Meteoro, Heidi, Maguila Gorila, DonGato y su Pandilla, El Pulpo Manotas, la Pantera Rosa y la mítica serie japonesa Ultra 7, precursora indiscutible de los Power Rangers. Series como La isla de Gilligan, Mr. Ed, Hechizada la original, El hombre de la Atlantida, El Hombre Nuclear y la mujer Biónica.
En los almuerzos estaba Biondi. Sin palabras.
La cena era en familia, incluido el viejo, que llegaba del laburo y ponía sus series: El Gran Chaparral, Bonanza, Combate, El Tunel del Tiempo (no se si agarraron lo del título), Viaje al Fondo del Mar y los Ángeles de Chaly (ahora lo entiendo). Despues llegó La Famila Ingalls con tooodos sus problemas a cuestas.
Otra cosa imperdible eran las salidas los fines de semana, que arrancaban en la peluquería con una "media americana", o sea, te rapaban la parte de abajo de la cabeza y luego la infaltable gomina Glostora o Lord Cheselin, despues nos enponchaban como para ir al ártico empezando por los calzoncillos CA-SI, que te apretaban tanto que aún no me explico como no quedé eunuco, los Far West, las camisas con el cuello almidonado como un cartón y el pullover que picaba como un millon de agujas, culminando con el Anorak o el gamulán, que era como llevar la oveja viva a cuestas.
La salida más frecuente era el cine para ver películas de chicos, los ahora "clásicos de Disney", o las nacionales de los Superagentes o los Irrompibles. Pero lo mejor era que ahi te dejaban comer golosinas: los inigualables confites Sugus o los corazoncitos Felfort, las pastillas DRF o las Renomé, los chicles Bazooka Jirafa o los Tubby 3 y 4.
Ir a Capital era una aventura, ya sea por tren en pullman o camarote, o en los micros "doble camello", para ir al Ital Park.
¡Ojo!también me leí todos los clásicos para niños de la colección Robin Hood.

Seguro me faltan un millón de cosas, pero para muestra basta un botón.

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