De príncipes, caballos y pastillas de freno

Aunque las mujeres estén en contra de esta afirmación, es fácil entablar una relación duradera con un ser de sexo masculino, siempre que este sea un perro labrador o un gato siamés. Con los humanos es otra historia.
Vamos a analizar una situación hipotética en que él, "R", conoce a una bella mujer, "C", a quién invita a tomar un café. Ella acepta y la pasan muy bien, luego R la invita a cenar y de nuevo se divierten mucho. Siguen saliendo con frecuencia y al cabo de unas cuantas semanas, cuando R lleva a C a su casa, ella se da cuenta de algo y se lo dice a R:
-"¿Sabés que llevamos exactamente cuatro meses saliendo?"
No hay respuesta. A C ese silencio le resulta muy elocuente y piensa: Espero que no le haya molestado lo que le dije. En una de esas se siente abrumado por la relación, o crea que lo estoy presionando para que formalicemos.
Por su parte R piensa: Uaaauuu! cuatro meses...
Y C reflexiona: Pero... yo tampoco estoy segura de querer este tipo de relación ¿Qué nos espera? ¿Matrimonio? ¡Hijos! ¿Una vida entera juntos? No estoy lista para este tipo de compromisos ¿O si? ¿Realmente conozco a esta persona?
Y R cavila: O sea que fue... a ver... febrero cuando empezamos a salir, justo cuando llevé el auto a hacer el service, lo que significa que... ¡Uhh! ¡La p**a, se me pasó la fecha del cambio de aceite!
Y C medita: Esta molesto. Se le ve en la cara. Pero por ahí estoy interpretando mal las señales. En una de esas él quiere algo más de la relación... más intimidad, más compromiso. Seguro que sabe de mis dudas. ¡Si, es eso, tiene miedo que yo lo rechace!
Y R se dice: Le voy a hacer cambiar las pastillas, siguen chillando de nuevo. Y más vale que no me vengan conque se tiene que asentar, ya llevan 500 km ¡Y les pagué como $300 a esos delincuentes!
Y C sigue pensando: Está enojado y con toda razón. En el lugar de èl yo también lo estaría. Me siento tan culpable por hacerle esto, pero no puedo evitarlo. Es que todavía no se que quiero.
Y R reflexiona: Seguro que me van a decir que la garantía era de 90 días ¡Seguro!
Y C medita: Es que soy una idealista esperando el príncipe azul en su caballo blanco, mientras tengo a un hombre bueno que sufre por mis chiquilinadas y egoismo.
-"R, soy una tonta"- dice C, en voz alta.
-"¿Qué?"-responde R.
-"Es que se que no existen los príncipes ni los caballos".
-"¿No hay caballos?".
-"Seguro pensas que soy una tonta ¿No?".
-"¡Noo!"- responde él feliz de haber contestado correctamente.
-"Es solo que... necesito tiempo"- explica C.
Se hace una incómoda pausa de 15 segundos mientras R busca desesperadamente una respuesta satisfactoria.
-"Si"- alcanza a balbucear.
C, conmovida por esa ternura, le acaricia suavemente la mano.
-"¿De verdad creés que está bien?".
-"¿Qué está bien que?"
-"Esperar un poco".
-"¡Ah! Si, claro".
C lo mira directo a los ojos, cosa que pone bastante nervioso a R, porque no tiene idea con que le va a salir ahora. Lo que más teme es que le vuelva a sacar el tema de los caballos.
Por fin ella concluye:
-"Gracias".
-"Gracias a vos"- contesta él.
Luego la lleva hasta su casa. C, con el alma torturada por el conflicto, se pasa toda la noche llorando.
Mientras R vuelve a su casa, saca una pizza fría de la heladera, enciende el televisor e inmediatamente se enfrasca en la retransmisión del partido entre dos equipos de la liga de ascenso Azerbaijana, de los que jamás escucho ni hablar. Una vocecita interior le dice que algo muy importante sucedió hace rato en el auto, pero decide que es mejor no pensar en eso.
Al otro día C llama a su mejor amiga por teléfono y se pasan hablando dos horas ininterrumpidamente. Analizan con exhaustivo detalle todo lo que ella dijo y todo lo que él dijo. Seguirán desmenuzando el asunto por varias semanas y aunque nunca llegarán a una conclusión, tampoco se cansarán del tema.
Entre tanto R va a jugar un picadito con un amigo mutuo y antes que empiecen a jugar le pregunta:
-"¡Che! ¿Alguna vez C tuvo un caballo?".
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